HISTORIA
DE LA TABLA PERIÓDICA |
En
cualquier tentativa de clasificación de objetos, el fin es
reunir aquellos que se parecen en algunos aspectos, y separar los
que difieren. En cualquier caso real, existirán varios criterios
de semejanza: y de acuerdo con el adoptado como base para la clasificación,
la agrupación puede diferir, de modo que los objetos agrupados
por su similitud en un aspecto, pueden ser separadas si la clasificación
se basa en algún otro fundamento.
La mejor clasificación será aquella que reúna
las cosas que se asemejan en el mayor número de aspectos.
La clasificación de los elementos químicos ha sido
desde hace mucho tiempo un tema atractivo. Los elementos han sido
clasificados en metales y no metales; en ácidos y básicos,
o lo que es lo mismo, en electropositivos y electronegativos; se
han clasificado según su valencia y de acuerdo con muchas
otras propiedades.
En todos estos sistemas muchos elementos aparecían en más
de una clase, o bien elementos con pocas propiedades en común
aparecían agrupados. Además las propiedades de los
elementos usadas como base de la clasificación pueden variar
con as condiciones en las cuales se observan dichas propiedades.
El método mencionado en primer término, a saber, la
división en metales y no metales, es a menudo conveniente;
aunque, como en la mayoría de los sistemas, no es posible
hacer una subdivisión exacta. Sin embargo, como una base
general, pueden oponerse los metales y no metales de acuerdo a una
serie de criterios, entre los que mencionaremos: reacción
con el oxígeno y el hidrógeno, solubilidad en ácidos
minerales, estado físico, peso específico, conducción
del calor y la electricidad, ductilidad y maleabilidad, etc.
Para demostrar cuan difícil es trazar una línea rígida
de demarcación entre metales y no metales, observamos que
los no metales Arsénico, Antimonio y Teluro serían
clasificados como metales si nos basáramos solamente en sus
pesos específicos (alto para los metales) y su comportamiento
como conductores del calor y la electricidad; por eso algunos introducen
una tercera clasificación "los metaloides", para
incluir los híbridos, o sea los elementos que tienen a la
vez propiedades características de metales y no metales.
Los metales Litio, Magnesio y Aluminio tienen peso específico
bajo, los no metales Carbono, Boro y Silicio son menos volátiles
que la mayoría de los metales. El no metal Hidrógeno
es un buen conductor del calor y la electricidad. Por tanto la división
en metales y no metales no constituye sino un sistema grosero de
clasificación adoptado arbitrariamente porque es conveniente.
En todos los cambios químicos, por lo menos una propiedad
permanece inalterada, y los sistemas de clasificación de
más éxito se basaron en primera instancia, en esta
propiedad, a saber, en los PESOS ATÓMICOS DE LOS ELEMENTOS.
Los primeros esfuerzos en esta dirección fueron dificultados
seriamente por la incertidumbre con respecto a los valores numéricos
de los pesos atómicos, pero después de aclarar los
químicos la confusión asociada con la teoría
atómica de Dalton, y de obtener un sistema estable de pesos
atómicos, los resultados fueron más prometedores.
Entre 1.826 y 1.829 J. D. Dobereiner observó algunas regularidades
entre los pesos atómicos de ciertos elementos relacionados
entre sí, pues encontró que la mayoría de los
elementos químicamente relacionados presentaban casi el mismo
peso atómico (por ejemplo el Hierro, Cobalto y Níquel)
o sino exhibían una diferencia constante cuando se disponían
en grupos de tres elementos.
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Calcio |
Estroncio |
Bario |
Peso
atómico |
40 |
87 |
137 |
Diferencia |
47 |
50 |
|
Otra característica interesante es que el elemento del medio
tenía aproximadamente el peso atómico igual a la semisuma
de los pesos atómicos de los elementos del extremo. Estos
grupos se llamaron Tríadas de Dobereiner, pero pronto se
notó que su lista no era sino un fragmento de una ley más
general.
Entre 1.863 y 1.866 J. A. R. Newlands publicó una serie de
trabajos en que disponía a los elementos en orden ascendente
de pesos atómicos, y notó que cada octavo elemento
sucesivo era una especie de repetición del primero.
H |
Li |
Be |
B |
C |
N |
O |
F |
Na |
Mg |
Al |
Si |
P |
S |
Cl |
K |
Ca |
Cr |
Ti |
Mn |
Fe |
Según
Newlands, los integrantes del mismo grupo están entre sí
en la misma relación que los extremos de una o más
octavas en música, y denominó provisionalmente a esta
relación particular LEY DE LAS OCTAVAS.
Newlands notó que los elementos que pertenecían al
mismo grupo "usualmente" aparecían en la misma
columna y declaró que todas las relaciones numéricas
que se habían observado entre los pesos atómicos (incluyendo
las conocidas tríadas), son simplemente resultados aritméticos
que fluyen de la existencia de la Ley de las Octavas. Esta ley de
las octavas no llamó mucho la atención, probablemente
porque los pesos atómicos erróneos interferían
seriamente con la disposición. La ley de las octavas se presentó
en 1.866 en una reunión de la Sociedad Química de
Londres. Observaciones similares se aplican a algunas publicaciones
de A. E. B de Chancourtois, en 1.862, donde también se proponía
clasificar a los elementos por sus pesos atómicos.
Una de las dificultades de las octavas es que a partir del calcio
los elementos no guardan la progresión regular en su valencia
y propiedades de los elementos de las dos octavas anteriores. Newlands
no encontró solución a este problema, no previó
la necesidad de colocar el elemento en la columna que le correspondía
sobre la base de sus propiedades, aunque tuviera que dejar algún
espacio vacío, que podía ser ocupado en el futuro.
D.
I. Mendeléiev y L. Meyer, con absoluta independencia y, tanto
como podemos afirmar, desconociendo los trabajos de Newlands y Chancourtois,
obtuvieron una visión mucho más clara de la ley de
las octavas. Alrededor de 1.869 Mendeléiev dijo "cuando
dispuse los elementos de acuerdo con la magnitud de sus pesos atómicos,
empezando por el más pequeño, se hizo evidente que
existe una especie de periodicidad en sus propiedades".
Expresado en otra forma: si los elementos se disponen en orden de
pesos atómicos crecientes, sus propiedades varían
de miembro a miembro en forma definida, pero retroceden acercándose
más o menos a los mismos valores, en puntos fijos de la serie.
Mendeléiev designó con el nombre de LEY PERIÓDICA
a las relaciones mutuas entre las propiedades de los elementos y
sus pesos atómicos; estas relaciones son aplicables a todos
los elementos y tienen el carácter de una función
periódica, es decir que las propiedades de los elementos
son una función periódica de sus pesos atómicos.
En consecuencia, Mendeléiev pudo construir una tabla donde
los elementos se disponían horizontalmente en el orden de
sus pesos atómicos y verticalmente de acuerdo con la semejanza
en sus propiedades.
Las primeras tablas eran muy imperfectas debido a la poca seguridad
de muchos pesos atómicos asignados entonces, pero, luego
fueron corregidas y modificadas según los datos más
exactos disponibles.
La tabla de Mendeléiev fue construida sobre la base de los
pesos atómicos de los elementos, la propiedad más
fundamental del átomo conocida entonces. Se sabe ahora, sin
embargo, que las propiedades de los elementos son en realidad una
función periódica de un número más fundamental
que el peso atómico, a saber, el número atómico
(Ley de Moseley).
Para
salvar los inconvenientes de la tabla periódica de 8 columnas,
en la cual, por ejemplo, los lantánidos y actínidos
ocupan el lugar de un solo elemento, no existe una clara diferencia
entre metales y no metales y no es satisfactoria la ubicación
del conjunto Fe, Co, Ni, se propuso una tabla de 18 columnas o tabla
extendida.
En esta tabla los elementos están ordenados de acuerdo a
su número atómico creciente, es decir, que a lo largo
de un período cada elemento tiene un electrón diferencial
respecto al anterior.
En los tres primeros períodos este electrón diferencial
se ubica en orbitales "s" o "p" de último
nivel, estos son llamados elementos representativos. Al comenzar
el cuarto período el electrón diferencial se ubica
en el orbital "4s" en lugar del "3d", y, desde
el Sc (21) hasta el Zn (30), los electrones completan el subnivel
"3d", estos son los elementos de transición, desde
el Zn al Kr (36) se completan los orbitales "4p".
Esta distribución se repite nuevamente en el período
siguiente desde el Rb (37) hasta el Xe (54). En el sexto período
desde el Ce (58) hasta el Lu (71) se ocupan los orbitales "4f",
estos son los llamados lantánidos (por seguir al La), luego
se completan los orbitales "5d" hasta el Hg (80) y los
"5p" hasta el Rn (86). En el séptimo período
ocurre algo similar, los actínidos del Th (90) al Lw (103)
son elementos de transición interna.
Teniendo en cuenta la configuración electrónica, podemos
distinguir cuatro grupos de elementos en la tabla de 18 columnas,
a saber:
1-.
Gases inertes: tienen los subniveles "s" y "p"
completos.
2-. Elementos representativos: tienen un subnivel "s"
o un subnivel "p" incompletos, forman los grupos A de
la tabla y se dividen en metales y no metales.
3-. Elementos de transición: en su penúltimo nivel
hay orbitales "d" incompletos, todos son metales y forman
los grupos B.
4-. Elementos de transición interna: en su antepenúltimo
nivel tienen orbitales "f" incompletos, se dividen en
lantánidos y actínidos.
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ESTRUCTURA
GENERAL DE LA TABLA PERIÓDICA |
Comenzando
con el Hidrógeno, que es el elemento de peso atómico
más bajo, y escribiendo los elementos en línea horizontal
en el orden de sus pesos atómicos, llegamos a elementos que
muestran una recurrencia de las propiedades de otros ya citados,
a intervalos de 2, 8, 8, 18, 18 y 32 elementos respectivamente.
Si comenzamos una nueva línea de la tabla en cada una de
estas recurrencias, esto es, al comienzo de cada nuevo período,
encontramos los elementos dispuestos verticalmente en familias o
grupos de propiedades químicas similares. Los períodos
están numerados desde el 1 hasta el 7, los tres primeros
se llaman períodos cortos, los otros como períodos
largos. Los períodos están divididos en dos subgrupos,
diferenciados como A (para elementos representativos) y B (para
elementos de transición).
En los períodos 4 y 5 entran no 8 sino 18 elementos antes
de alcanzar uno de propiedades similares. Así el Potasio
es un metal alcalino íntimamente relacionado con el Sodio,
el metal siguiente es el Rubidio, de entre los elementos colocados
entre el K y el Rb (elementos del primer período largo) los
diez elementos de la tabla se relacionan con elementos de períodos
anteriores, pero de propiedades algo diferentes. Están colocados
en el subgrupo B y tres de ellos, Fe, Co y Ni forman por si solos
el grupo VIII B, pues su relación es demasiado estrecha para
colocarlos en grupos separados, estos elementos de transición
están colocados entre los ocho elementos en los períodos
cortos.
Un fenómeno singular ocurre en el segundo período
largo, pero en el tercero se advierte una nueva característica
en la notable serie de catorce elementos, conocidos actualmente
como lantánidos, intercalada entre los elementos típicos
y los de transición, ellos constituyen una serie de elementos
diferentes, que sin embargo tienen propiedades muy semejantes y
determinan la extensión de este período a 32 elementos.
En tres ocasiones el orden asignado a los elementos se aparta del
orden de los pesos atómicos, ello sucede con tres pares de
elementos: Argón - Potasio; Cobalto - Níquel y Teluro
- Yodo. En cada caso el orden asignado por los pesos atómicos
esta invertido, para que estos elementos puedan ubicarse en los
lugares que les corresponden por sus propiedades.
Esta inversión fue hecha por el mismo Mendeléiev,
quien creía que posteriores determinaciones demostrarían
que los pesos atómicos entonces aceptados eran inexactos,
y que cuando fueran conocidos, los verdaderos valores coincidirían
con el orden de la tabla periódica.
En consecuencia se han hecho nuevas determinaciones de los pesos
atómicos de estos elementos; pero ellas no han podido indicar
que los pesos atómicos habitualmente aceptados tengan errores.
A pesar de ello, la concepción de Mendeléiev ha sido
ampliamente justificada por descubrimientos más recientes,
que han demostrado que la verdadera propiedad que fundamenta la
clasificación periódica es el número atómico,
constante a la que el peso atómico es aproximadamente proporcional.
La mayoría de las propiedades físicas y químicas
bien definidas de los elementos son periódicas: valencia,
peso específico, volumen atómico, dureza y maleabilidad,
conductividad eléctrica, etc. Cuando se tabulan en función
de los pesos atómicos de los elementos se obtiene una curva
dividida en períodos.
Esto fue evidenciado por primera vez por Lothar Meyer para el volumen
atómico (calculado como el cociente entre el peso atómico
y su peso específico en el estado sólido), donde el
volumen atómico disminuye del Litio al Boro, creciendo a
través del Carbono, el Oxígeno y el Flúor hasta
el Sodio y desciende pasando por el Magnesio hasta el Aluminio,
y de aquí crece hasta el Potasio.
Los elementos Boro, Aluminio, Cobalto y Níquel ocupan los
mínimos de la curva, mientras que los metales alcalinos ocupan
las crestas, correspondiendo así con el hecho de tener volúmenes
atómicos más grandes, es decir más espacio
entre los átomos.
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LOS
CLAROS DE LA TABLA PERIÓDICA DE
MENDELÉIEV |
Mendeléiev
y Meyer consideran necesario dejar en sus tablas espacios vacíos
para elementos no descubiertos, y más particularmente para
disponer a ciertos elementos relacionados entre sí en la
misma columna vertical y predijeron que los elementos ausentes serían
descubiertos mas tarde, y hasta en algunos casos pronosticó
sus propiedades con minuciosidad considerable.
Cuando Mendeléiev anunció su tabla, había dos
espacios vacíos en el grupo III, siendo denominados los elementos
ausentes eka-Aluminio y eka-Boro respectivamente; y otro espacio
en blanco debajo del Titanio en el grupo IV, cuyo elemento ausente
fue llamado eka-Silicio (eka = análogo).
El carácter hipotético de estos elementos fue considerado
como una debilidad de la ley, pero la debilidad se transformó
en fuerza cuando aparecieron posteriormente el Galio, el Escandio
y el Germanio, debidamente revestidos de las propiedades que concordaban
tan íntimamente con los audaces pronósticos de Mendeléiev.
Este sistema es indudablemente superior a los métodos más
antiguos, pues la ley periódica permite construir un sistema
del máximo acabado posible, libre de excesiva arbitrariedad,
y da poderosas evidencias circunstanciales de la corrección
de los razonamientos empleados por Cannizzaro para reducir los valores
de los pesos atómicos de los elementos (los pesos atómicos
eran inciertos debido a las dificultades para determinar densidad
de vapor y pesos específicos).
Los gases inertes descubiertos luego (no podían ser pronosticados
sobre la base de la ley periódica), fueron ubicados entre
la familia de los halógenos (fuertemente ácidos) y
los metales alcalinos (fuertemente básicos).
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DEFECTOS
DE LA LEY PERIÓDICA |
La
colocación del hidrógeno en la tabla ha dado lugar
a muchas discusiones,"al ser univalente se asemeja a los metales
alcalinos" (D. Mendeléiev) "o a los halógenos"
(O. Masson). En general el hidrógeno es electropositivo como
todos los metales alcalinos, pero no se considera un metal, es desplazado
de los compuestos orgánicos por lo halógenos, y forma
hidruros con los metales no muy diferentes de las sales hidrogenadas,
parece ser un elemento errante y completamente fuera de lugar en
el plan general y ocupa una posición única, como si
fuera, la piedra angular de la estructura (Algunos han propuesto
que es un miembro de una serie de elementos independientes todavía
desconocidos).
Otra dificultad es la ubicación de las entonces llamadas
tierras raras, algunas están ubicadas en base a sus pesos
atómicos (Sc -45,10- e Y -88,92-), y otras relegadas a una
clase propia.
Un estudio de B. Brauner consideró que debían agruparse
como los asteroides de un sistema planetario (teoría asteroide
de las tierras raras), de acuerdo con este punto de vista a excepción
de Sc e Y, se colocaron en el sexto y séptimo período.
"Si
las propiedades de los elementos son dependientes de los pesos atómicos,
la existencia de dos elementos con propiedades diferentes y aproximadamente
los mismos pesos atómicos debe ser imposible"
(D. Mendeléiev).
De
aquí nace la dificultad que se presente con los elementos
Co y Ni, Ru y Rh, etc., las propiedades de estos elementos no hubieran
sido sospechadas nunca en base a la ley periódica.
Algunos elementos están ubicados en la tabla en base a sus
pesos atómicos, en oposición a sus propiedades, como
es el caso de Cu, Ag y Au, la trivalencia del oro parece ser incompatible
con la valencia de sus compañeros, aunque en su posición
inicial la serie: PtCl4; AuCl3; HgCl2;
TlCl es sugestiva. El Tl es muy parecido al Pb, pero el sulfato
y algunas otras sales son completamente diferentes a las sales de
plomo.
Otros elementos que parecen ser químicamente semejantes están
separados en la tabla, por ejemplo, el Cu y el Hg, el Ba y el Pb,
etc. la posición de dichos elementos en la tabla no da ningún
indicio de esos caracteres, sin embargo, podría argumentarse
que presentan muchas diferencias esenciales, así, las propiedades
del Hg y Cu, y las propiedades de sus cloruros y sulfatos muestran
grandes contrastes, también es muy diferente la estabilidad
de los cloruros cuproso y mercurioso. Los peróxidos de Pb
y Ba parecen tener constitución distinta. El sesquióxido
de talio (Ta2O3, corresponde a otros sesquióxidos
- más estables - del grupo, pero hay muchos puntos importantes
de semejanza entre el Tl y los metales alcalinos y entre la Ag y
el Pb.
En
1.903 Rutherford y Soddy adelantaron la teoría de la desintegración
espontánea, según la cual, el átomo de un elemento
radioactivo es una estructura compleja, potencialmente inestable,
y se produce su desintegración espontánea en una proporción
dependiente de las características de la naturaleza del elemento
en cuestión, con emisión de una partícula y
formación simultánea de un átomo de otro elemento.
A partir de esta teoría se comenzó a investigar la
naturaleza química de los distintos elementos que comprende
la serie radioactiva, con el objeto de caracterizarlos y poder asignar
sus lugares propios en la tabla periódica. Hay dos hechos
importantes a ser comentados; el primero es que, a pesar de ser
sus propiedades radioactivas completamente distintas, no todos estos
variados elementos, son químicamente distintos entre sí,
y, en algunos casos, no son diferentes de otros elementos ya conocidos
anteriormente. En segundo lugar, la posición de los elementos
en la tabla esta estrechamente relacionada con la naturaleza del
cambio que los ha engendrado.
A principio de 1.913 varios investigadores establecieron que la
expulsión de una partícula alfa por un elemento radioactivo,
determina que el producto residual traslade su posición en
la tabla "dos lugares" en la dirección de las masas
decrecientes, de modo que el producto residual no se encuentra en
la familia próxima, sino en la subsiguiente. Análogamente,
cuando un elemento emite una partícula beta, el producto
traslada "un lugar" en dirección opuesta a la correspondiente,
por lo tanto dos cambios acompañados por la emisión
de partículas beta, y uno por la emisión de partículas
alfa, llevarían al producto nuevamente a su posición
de origen en la tabla, esta es la regla del desplazamiento.
Cuando cualquier número de elementos radioactivos ocupan
el mismo lugar en la tabla, estos no pueden ser separados por ningún
procedimiento químico conocido, Soddy, los denominó
ISÓTOPOS.
Los isótopos de elementos no radioactivos se estudiaron con
el espectrógrafo de masas construido por Aston.
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LEWIS
Y LA TEORÍA ELECTRÓNICA DE LA VALENCIA |
En
general, los compuestos se ubican en dos clases, electrolitos (que
fundidos o en solución conducen la corriente eléctrica)
y no electrolitos.
La
unión de los átomos que constituye una valencia "no
ionizable" debe diferir en algún aspecto importante
de la unión correspondiente a una valencia ionizable.
G.
N. Lewis y W. Kosel han conseguido aplicar a este problema las consecuencias
del concepto moderno del átomo (en ese entonces), y los de
la valencia en general, con considerable éxito. Ambos supusieron
que la disposición de los electrones más externos
que se encuentran en los gases inertes constituyen las estructuras
más estables, y que la combinación de los átomos
se produce de modo de alcanzar dichas estructuras estables -esto
es dos electrones en el caso del Helio y ocho electrones en todos
los demás casos-.
En todo esto se supone que los electrones externos son electrones
valencia. La teoría de Kosel explica satisfactoriamente la
unión iónica, donde por ganancia o pérdida
de electrones, el átomo, ahora ion, adquiere la configuración
de un gas inerte.
Esta teoría es inaplicable a compuestos "no ionizables",
ahora denominados covalentes, el 1.916 Lewis propuso la teoría
que obvia esta dificultad (Teoría del octeto electrónico),
dando la idea que la unión se formaba por la coparticipación
de electrones de ambos elementos.
Esto se representa actualmente con el símbolo del elemento
considerado, rodeado de tantos puntos como electrones tenga en su
órbita externa.
Con
el advenimiento de la teoría cuántica de Planck y
al considerar (Einstein - 1.905 y De Broglie - 1.925) que las radiaciones
y partículas elementales de un átomo tienen un comportamiento
dual, Heisemberg mostró la imposibilidad teórica de
determinar simultáneamente la velocidad y posición
del electrón (Principio de incertidumbre). Esto trajo como
consecuencia inmediata abandonar el concepto de órbita del
modelo de Bohr en reemplazo de la idea de región del espacio
donde la probabilidad de encontrar al electrón es máxima,
es decir nace el concepto de orbital electrónico.
La representación de esta situación para átomos
complejos se hace a través de cuatro parámetros llamados
números cuánticos, que permiten, caracterizar el nivel
energético y delimitar la región de mayor probabilidad
de encontrar al electrón, lo que permite, armar un nuevo
modelo llamado vectorial (por la representación de los electrones
por flechas) o de las cajas cuánticas.
En términos prácticos se representa un orbital por
un rectángulo cruzado por una diagonal, donde se ubican,
ninguno, uno o dos flechas, que representan a ninguno uno o dos
electrones, de acuerdo al nivel energético que debido a la
combinación de los distintos números cuánticos,
le corresponda a cada elemento.
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SÍMBOLOS
Y NOMBRES DE ELEMENTOS NUEVOS DEL SÉPTIMO
PERÍODO |
Los
elementos con número mayor de 92, llamados transuránicos,
son producidos por aceleradores de partículas, por ejemplo,
ciclotrones y tradicionalmente el grupo que produce el elemento
por primera vez le asigna el nombre.
Al descubrirse los elementos 104 y 105 surgió un problema,
ya que para el elemento 105 un grupo de Berkeley, California, propuso
el nombre Rutherforio y otro grupo de Dubna, Rusia, propuso el nombre
Kurchatovio, la Unión Internacional de Química Pura
y Aplicada (IUPAC) decidió entonces recomendar que los elementos
nuevos que se descubrieran llevarán los nombres correspondientes
a su número atómico hasta que se estableciera fehacientemente
la prioridad de su descubrimiento.
Los símbolos de estos elementos se forman de acuerdo a su
número atómico y consisten en tres letras, cada una
de las cuales es la primera de las siguientes raíces:
0 |
nil |
1 |
un |
2 |
bi |
3 |
tri |
4 |
quad |
5 |
pent |
6 |
hex |
7 |
sept |
8 |
oct |
9 |
enn |